El Manual de Liberalismo del Liberalismo de Manual (no incluye CD)

Por Diego Alarcón Donayre

¿Conoce a algún liberal en el Perú?… ¿no? Bueno, no se preocupe. De hecho, es lo más probable; lo extraño sería que conociera a alguno. No en balde Enrique Ghersi señalaba, con menudo realismo, que todos los liberales del Perú  bien podrían reunirse en un chifa. Si a estas alturas, usted, honorable lector, está pensando en algo así como la francmasonería, tranquilo, la cosa, en cierto sentido, no es tan distinta.

En este pequeño manual (porque a fuerza de algunas estadísticas hemos entendido que si ponemos muchas pálabras este manual  –a la entonación de Orderique– no-va-a-ser-leído) intentaremos mostrar de modo medianamente detallado qué es lo que piensan los liberales (de manual). ¿Que por qué no hablo de “nosotros, los liberales”? Bueno, es que desde el prisma del anarcocapitalismo –una ideología, creo— yo vendría a ser más o menos un protoestalinista. ¡Debe quedar claro que el único anarcocapitalista de pura cepa es Hans-Hermann Hoppe (HHP)! ¿Que quién es HHP?, ¿ha leído a Žižek? Bueno, así, pero al revés.

Como pretendemos ser didácticos, y aunque no hemos agregado el inconfundible sello for dummies, lo primero sería definir qué es un liberal de manual. Ya que estamos asumiendo que usted no conoce a ningún liberal, habría que hacer una distinción. Decir que el único liberal del Perú es Vargas Llosa y que todos los demás son (¿o somos?) aficionados sería una salida fácil. Parece, en cambio, que en el Perú hay un espectro bien abigarrado de liberales. Veamos. Usted puede encontrar desde los más clásicos (lógicamente en extinción), pasando por los muy mesurados hayekianos (muy pocos, eso sí) o los (por lo general) mal vistos friedmanitas (sí, yo sé que también estuviste en el apanado a Bullard), llegando a  la variante más romántica y fanática, los anarcocapitalistas. Que no se confunda, no me estoy burlando de los últimamente nombrados; de hecho, tampoco me atrevería a hacerlo porque eso supondría un cyberbullying,  y confieso no tener el aguante de algún  columnista de Altavoz.  Pues bien, están esas cuatro formas y, ¡aunque no lo crea!, en todas ellas hay interesantes debates. Usted verá que incluso hay trifulcas virtuales, en las que los friedmanitas, como decíamos, casi siempre salen perdiendo,  y en las que los anarcocapitalistas van siempre, como dicen ellos, a la vanguardia. En los  últimos días, por ejemplo, el callejón oscuro fue para F. Hayek, pero ése es otro cuento. ¿Y qué es un liberal de manual? No es tan complicado. Un liberal de manual es aquél que no sale de cuatro o cinco lugars comunes a fuerza de auto-considerarse socialista. Si Althusser decía que «la burguesía debe creer en su mito antes de convencer a los otros», bueno, aquí está completamente memorizado. (Por cierto, un liberal de manual no citaría a Althusser)

Ahora que ya sabe más o menos de qué estamos hablando, lo que sigue es examinar esos cuatro o cinco lugares comunes. Veamos.

 Robinson Crusoe, acto I.

Cuando usted escuche hablar a un liberal de manual no podrá evitar recordar a este personaje. Para un liberal de manual, el individuo vive en una remota isla, donde sus decisiones son siempre decididas desde su pura individualidad. Repetirá que los bosques no existen, que “bosque” es una abstracción y que lo único que existe son los árboles, y  lo mismo dirá de la sociedad y los individuos. Si usted sostiene que existen influencias culturales, relaciones de poder o influencias de cualquier otro tipo no individual, debe atenerse a que lo llamen sociólogo pastrulo. Obvio que se lo dirán con otras palabras. (También le pueden decir caviar de la ex PUCP).

Robinson Crusoe (con calculadora), acto II.

Pero supongamos que sigue en el debate y sigue escuchando a nuestro liberal de manual. Lo otro que puede pasársele por la mente al escucharlo es que los hombres son poco menos que unas calculadoras vivientes. Sí, lo más probable es que en cada oración escuche mínimamente dos veces las palabras costo (o coste, que suena más “técnico”) y beneficio. Usted podrá hablar de  los trabajos de Daniel Kahneman y Amos Tversky, pero lo más seguro es que él le hable de algún premio Nobel (al que probablemente no ha leído) y, entonces, sopesará que ha triunfado en el debate.

Estatismo

Esta palabra sí la ha escuchado, ¿no? Claro, es bien conocida, y también la utiliza el liberal de manual. De hecho, su problema es no poder dejar de hacerlo.  Y es que en el ideario liberal (nada de conciencia colectiva, claro) este término puede adoptar magnitudes demoníacas. Para el liberal de manual, el paso de la libertad económica a Corea del Norte es muy chiquitito. ¡Pobre de usted si le dice que Hayek escribió que «La argumentación liberal (…) no niega, antes bien, afirma que, si la competencia ha de actuar con ventaja, requiere una estructura legal cuidadosamente pensada, y que ni las reglas jurídicas del pasado ni las actuales están libres de graves defectos.» En ese momento, usted, amable lector, quizás estará pensando en Institucionalidad; pero el liberal de manual estará pensando que Hayek era un socialistón.

E. L. James, autora del Quijote

Obviamente, para el liberal de manual, el éxito de una canción, de una pintura, de una obra literaria depende necesariamente de su éxito comercial. De ahí se sigue que, para él, Poe o Stendhal fueron unos fracasados. Lógicamente, usted podrá argumentar que por eso existe la estética o  la crítica; pero él le dirá que los críticos son una pandilla de socialistas que nos quieren imponer sus gustos. De modo que él sí, con pana y elegancia, tiraría a Cervantes por la ventana, y quizás lo reemplazaría en los colegios por Cincuenta sombras de Grey.

¡Somos iguales, estúpido!

Sí, para el liberal de manual, todos somos iguales. Si lo dice la ley, entonces todos debemos serlo, ¿no? ¿Que los individuos no somos iguales? Obvio, pero a ver si se lo puede explicar usted. Platón decía que «lo igual sólo se dice de lo distinto», pero como  Platón es un «enemigo de la sociedad abierta», entonces no hay mucho por decir; aunque, ojo, el liberal de manual ni en sus sueños más húmedos podría leer La Sociedad Abierta y sus Enemigos.

Es probable que usted escuche otros lugares comunes. Puede unirlos, no hay problema. En realidad, todos se complementan en ese fanatismo nebuloso de nuestro liberal de manual. ¿Que todavía no ha terminado de entenderlo? Si ése es el caso, podría leer, mutatis mutandis, El Manual del Perfecto del Idiota Latinoamericano, y tan solo tendría que invertir algunos términos y por ahí encontrará la respuesta.

PD: Nos informan que algunos facinerosos están ofreciendo  manuales de cómo ser liberal, en los que incluyen defender el catolicismo, odiar a los gays, entre otras cosas, y además,  incluyen un manual de argumentación contra el marxismo cultural. ¡Denúncielos! (¡Y eso que, por lo general, el liberal de manual no cree en los derechos de autor!)

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