Alditus, Joyce y los salvajes

Una conductora  de televisión comenta un reportaje; un reportaje sobre el acoso a la mujer, para ser más exactos.  Pero ella cree que ese reportaje, por decirlo de alguna forma, ha sido “injusto” con el varón, con el “manchomen” (¿y con el macho peruano que se respeta?). Decide, entonces, defenderlos. Lo que sigue es una serie de comentarios que, asegurará luego (ver aquí), han sido malinterpretados. Ella, afirma, jamás defendería el acoso, los comentarios ofensivos, los piropos subidos de tono, la violencia, en fin, contra la mujer.

Sólo para tenerlo un poquito más claro, analizemos sus comentarios. Inicia con una premisa: A las mujerses, señala, les gusta, ¡les encanta! estar sexy. Y, claro, como los hombres, asegura, estamos atrapados por instintos salvajes, por directrices genitales insufriblemente determinantes, entonces el resultado es lo que vemos en las calles, o sea, acoso, metidas de mano y un largo, pero muy largo etcétera. Desde luego que las mujeres provocan este tipo de reacciones en algunos hombres (con muchos instintos salvajes) es algo que la realidad no negaría. Después de todo, el problema, en ese caso, serían los salvajes (hombres e instintos). Aquí hay  que hacer un paréntesis para explicar (kantianamente, porque no hay de otra) que una cosa es explicar, y otra, muy distinta, es justicar. Si uno dice, por ejemplo, que X persona es un delincuente porque, entre otras cosas, no ha tenido buena educación, ha crecido con muy limitados recursos económicos y, además, es parte de una familia que contrasta radicalmente con el estereotipo de familia feliz, sin duda estamos tratando de explicar, de buscar las causas de su accionar. ¿Eso significa que estamos justificando sus crímenes, sus robos y agresiones? No, obviamente (o bueno, no tan obviamente). Explicar y justificar se distinguen por el plano al que pertenecen. Explicar necesariamente invita a reflexionar sobre lo que es, sobre lo que sucede en la realidad; justificar, en cambio, sobre lo que debe ser, sobre, digamos, la responsabilidad moral de una u otra acción. Dicho esto, volvamos a los comentarios de Joyce. Ya quedó claro que, para ella, a las mujeres les encanta andar sexy y que provocan a los hombres debido a los instintos salvajes.  Pero ahí no acabó todo, también dijo esto: «Nosotras  somos bastante responsables de lo que pasa en la calle». ¿Responsables?, ¿dijo “responsables”? Sí, lo dijo. He ahí el problema.

Después de las críticas que recibió, Joyce intentó rectificarse (ver aquí). Para resumir, a todo lo antes dicho, y después de señalar que simplemente habían confundido sus declaraciones, simplemente agregó que, ojo, «que quede claro que de ninguna forma justifico el acoso». Y sin embargo, siguió diciendo que lo que ella defendía era ese instinto natural(¿salvaje?) del hombre. Acto seguido, agregó: «El hombre peruano debe ser cambiado, debe ser educado».  Sobre cuán paradójico puede ser defender ese instinto salvaje del salvaje y reclamar más educación para el hombre peruano comentaremos luego.

Uno, después de ver a Joyce en el programa de AAR,  empieza a creer que, después de todo, hay una intención de rectificarse. Quizás no quiso decir lo que dijo, o, también quizás, ni siquiera estaba muy segura de lo que quería decir. Ok, supongamos eso.

¿Y dónde aparece Alditus? Aquí. Es indignante -dice — cómo la caviarada (¿en serio sólo la caviarada?) está linchando a la conductora de TV Joyce Guerovich por unas polémicas declaraciones suyas sobre el acoso sexual. Que la insulten, que,  otra vez, salga a relucir el prejuicio de que una chica bonita no puede ser inteligente y que la consideren ya la Martha Chávez de los derecho femeninos, ok, está mal. Pero que la critiquen y le pidan una rectificación, ¿por qué estaría mal? Porque, dice Alditus, «Equivocada o no, tiene derecho a opinar como le venga en gana sin que la linchen por no ser ‘políticamente correcta’». Pregunto: ¿Dónde está la violación a su derecho de opinar en pedirle rectificación por unos comentarios, por decirlo menos, machistas y sexistas? O sea, ¿libertad para decir comentarios sexistas, pero no para criticar esos comentarios y menos para pedir  una voluntaria rectificación? ¿Dónde quedó Orwell, Alditus? Tema aparte es la burda y elemental concepción de Alditus de lo políticamente incorrecto. A estas alturas, uno se puede esperar cualquier cosa. Alguien decía por ahí que la línea que divide lo políticamente incorrecto de la estupidez pura y dura era muy delgada, y que, normalmente, los que se autoproclaman paladines de lo políticamente incorrecto son unos ciegos de la patada. Debe ser.

Joyce intentó defender a los hombres, a sus instintos salvajes.  Y, en ese intento, se fue de frenada y terminó (sin querer-queriendo,probablemente) defendiendo a los salvajes. Después de ver el video de Joyce, por alguna razón (o más de una), se me vino a la mente una frase de Onfray. Ésta: «Frente a las necesidades, a los instintos, a las pulsiones que dominan al animal totalmente y lo determinan, el hombre puede elegir ejercer su voluntad, su libertad, su poder de decisión. Allí donde el chimpancé sufre la ley de sus glándulas genitales, el hombre puede luchar contra la necesidad, reducirla, e inventar su libertad.» Y luego de escuchar a Joyce decir que seguía defendiendo ese instinto natural, salvaje, y que, sin embargo, el hombre peruano debe ser cambiado, educado, me pregunté, ¿qué es lo que realmente tenemos que cambiar? Desde luego, muchas cosas. Aquello que Alditus entiende por incorreción política es un buen comienzo.

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